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sábado, 16 de mayo de 2015

Home, sweet home.

"Probablemente esa chiquilla termine siendo una desgraciada. Toda su vida. Imaginad la estampa: palos por todos los flancos posibles y un cuerpo frágil sin intención de defenderse ni anticipar las futuras caídas. Puede que termine mal."

Dijo él, sin recordar el juego previo que dos semanas antes había provocado en su despacho para que supiera que aquel personaje inventado no era más que mi sombra. Porque estoy segura de que lo atisbó en mis palabras encadenadas. No es imbécil, no me cabe duda, y le encanta resolver puzzles tanto o más que a mí.

Probablemente esa chiquilla sea una desgraciada. Gran parte de su vida. Imagina la estampa actual: no tiene hogar, un hueco donde refugiarse. ¿Adónde va cuando necesita consuelo o un recoveco donde llorar y taparse las orejas para no escuchar más? Vaga de un lado a otro, de un lugar plagado de ansiedad a otro en el que no puede situarse a un último en el que no debería permanecer.
Imagínala, con esa seguridad y esa fortaleza que se derrumban. Ese cuerpo débil que se estremece cuando mira hacia delante; divertida ironía, porque lo que la empujó a continuar fue, de hecho, mirar hacia delante. Ahora la asusta.

No encuentra dónde meterse, dónde descansar el ala. Si no tuviese miedo sería más fácil, también si se hubiese acostumbrado de una maldita vez a las paredes que la criaron entre Camy, canciones de letras ininteligibles y soledad.

Quién sabe si será una desgraciada. Sólo puede saberse que cuando no es una situación es otra la que la atormenta y que por mucho ignorar y mucho hacerse la guerrera brava, la mierda no desaparece.

No es malo sentirse desubicado ni es malo flaquear. Lo perjudicial es levantar la cabeza cuando quieres mirar hacia el asfalto y empañarte los ojos de gris. Lo cruel es obligarte a tirar del carro cuando requiere la mente una pausa y el corazón unas vacaciones.

Porque mira, niña. No importa si no te encuentras o si crees que estés allí o allá no vas a hallar un hueco. Lo que importa es que te lo construyas aunque sea, como muchos te dicen, a tan largo plazo que en ocasiones te olvides de vivir el ahora. Y si no hubiese un escondite para ti en ningún lugar de este áspero suelo, no te preocupes, sabrás lo que hacer cuando llegue el momento.

No llegaste hasta aquí para que te venzan y aquella a la que forzaste a andar se avergüence. ¿Verdad que no, niña?

jueves, 21 de agosto de 2014

Oddy. Al 21 de Julio.


"Mira que eres terca. Sigues grapada al reverso de mis párpados e impresa en mis retinas.

Da igual que abra los ojos o que los cierre si al final siempre estás ahí, agazapada en la oscuridad de la memoria o ronroneando en la luz de una ilusión.

Te recuerde o te imagine cada rincón te pertenece con la legitimidad de lo que se conquista con amor, y por no negarte acabo abrazando afirmaciones que te traen donde no estás y que me llevan donde no estoy.

Me parece que en el fondo disfrutas con todo esto, ¿verdad? Recuerda aquella mirada tuya, mitad sorna mitad condescendencia, cuando al fin aparecías como si nada después de que yo recorriese la casa diez veces buscándote angustiada por haber encontrado una ventana abierta y no haberte visto a ti. Y sé, lo sé, que ya había comprobado ese rincón desde el que me observabas con esos ojos tan redondos y no estabas. ¿Cómo lo hacías?

Al referirnos al tiempo medido desde una ausencia, ¿qué verbo acompaña al verbo pasar? ¿Olvidar?, nunca. Tampoco consolar o sustituir. Aceptar en tu caso no, te lo aseguro. Así que mientras voy haciendo el recuento de meses para un plazo que transcurre desde un hecho que no asumo, a la contradicción de mi razón se van sumando los delirios de mis sentidos.

Por eso me sorprendo viéndote sin imagen, escuchándote sin sonidos y tocándote sin cuerpo.

Yo ya no sé si te invento ahora o soñé una vez que te marchabas. Ya no sé si la pesadilla es tu muerte o es la vida tu fantasía.

A veces hay objetos que de pronto dejan de servir para lo que fueron creados, como cuando una prenda de ropa se transforma en un estuche del olor del que ya no está, o cuando las únicas palabras que parece contener un libro son las anotaciones manuscritas que el ausente hizo en él. Los muertos no deberían dejar cartas a medio escribir, frascos de colonia a medio usar ni sacos de pienso a medio comer. Es muy cruel.

Una cama azul es el cielo donde desde cada nube me miras mientras yo, aquí abajo, unas veces te sonrío y otras te lloro...

No, no es cierto. Siempre te lloro y no era más que una cama, y ya ni siquiera la aprecio.

La verdad es que no puedo verte, ni escucharte, ni tropezarte porque no estás, hoy ni nunca más, te fuiste para no volver.

La verdad es que como no creo en la vida en el más allá, sé que tú no me estarás esperando ahí cuando yo deje de estar aquí.

La verdad es que como no creo en la muerte en el más acá, sé que no te veré aparecer una noche en una esquina de mi cama, y si lo haces será porque yo estaré soñando, pero una vez que los abra te borrarás para siempre del interior de mis párpados por mucho que los cierre de nuevo para retenerte porque no, no era cierto, no estás grapada en ellos. Ningún despertar más terrible que el que llega tras el más hermoso de los sueños.

No creo en la reencarnación, no nos vamos a cruzar jamás con otros cuerpos para reconocernos por las mismas miradas.

No creo que brilles en una estrella y esa nube no existe. Ni en el cielo ni en la tierra he conseguido encontrarte por más que el primero ha recogido mis ruegos y la segunda mis lágrimas.

¿Arco Iris?, no, pequeña, no cruzaste un umbral de color, no hay luz ni hay ilusión, tu muerte no estaba escrita en un cuento de hadas sino en una tarde tan real como el amanecer que le siguió, amargo y triste como ningún otro. Tú atravesaste una negrura insondable y mis ojos sólo me devuelven incoherencias sobre hojas en blanco mientras mis manos te conjugan en pasado y mis desvaríos en presente.

Tampoco disfrutas con esto. Ni con nada. No existes. Tengo tus fotos y tengo mis recuerdos pero nada de eso eres tú. Te marchaste para siempre, aunque esta imbécil mañana ya no se acuerde de haber escrito esa frase y vuelva a hablarte como si todavía estuvieras ahí. Como si fueras a regresar. Como si nunca te hubieras ido.

No duele más una partida en sus aniversarios. Cada número está marcado en el calendario de la nostalgia. En cada fecha se cumple tiempo que escarba en el vacío y la soledad. Cada minuto hace una semana, un mes, un año. Cada año hace sólo un minuto.

Porque ahora hace un mes, tres horasy treinta y dos minutos desde tu muerte, mi niña.

Porque hoy también has muerto."

Gracias, Julio Ortega.

Te echo de menos, pequeña. Siempre.



viernes, 1 de agosto de 2014

¡A por todas y a por ninguna!

Creo...creo que se me ha metido un Tuenti en el ojo.


Querida Mika, esa que tenía diecisiete inocentes años: ojalá te tuviera enfrente. Ojalá existiera una máquina del tiempo para poder regresar atrás y meterte esa hostia en la cara que tanto te mereces. ¡¡Cabezota, idiota, irresponsable!! No me valen tus excusas, se acabó. Me da igual lo que sucediera, cómo estuvieras y lo que desearas en ese momento, porque ahora la que se jode soy yo.

Si viera esas fotografías y pensase: "Qué maravilloso todo. Tan bonito y precioso. Ay, señor, que me muero del gusto de ver esas imágenes tan hermosas y esos estados y esos todo. ¡Oh, mis queridos contactos, cuánto tiempo! Gente a la que adoro, caracoles, ¡qué perfecto!", pues mira, diría que mereció la pena porque a lo mejor a los 20 moría atragantada por un pionono y oye, la vida hay que vivirla un poquito. Pero es que las veo y me dan igual, miro mis contactos y me la refanfinflan, pienso en lo que podría haber hecho y me doy cuenta de que fui tonta del culo. Es decir, estuvo bien, aquello fue divertido...pero se acabó ahí. Efímero e insustancial, no me ha aportado más que recuerdos y ratos amargos porque las personas vienen y van y a mí se me ha quedado un sabor agridulce de verme aquí, envuelta en mi presente, sin querer pensar en nadie. Sin apetecerme vínculos ni intimidad, rehuyendo y no por miedo. Lo que se traduce en ser una huraña, lo que se traduce en ser un típico personaje de serie típica americana molonga que enamora a todos los pardillos que la ven porque la protagonista es un mal bicho con un pasado raro y cruel y una personalidad más rara y cruel (con ella misma) todavía. Qué cuadro.

Tan sumamente calculadora, pragmática y racional...Así era, así soy, así me definiré toda mi vida y en esos momentos, me dejé llevar por una cosa llamada "El Pavo" (lo escribo en mayúsculas porque es algo muy, muy, muy grave) y me toca pagar "El Pato" (también en mayúsculas porque es algo aún más grave, si cabe).

Querida Mika, desearía que hubieras aprovechado todas tus opciones. Aunque ni siquiera lo imaginabas, estaban al alcance de tu mano; incluso, fíjate, me aventuraría a decir que desearía que hubieras abandonado aquel lugar, lo que significaría no responder a los consejos de Silvia, y haber invertido tu tiempo en algo de provecho. Probablemente, con la que nos está cayendo, bonita, estarías agradecida (te lo digo yo, que soy tu tú de 22 años).

Me arrepiento, sí. Porque mi cabeza está repleta de fechas, personas, frases, opiniones, advertencias, llamadas de teléfono, mensajes de texto, correos electrónicos, quedadas a deshora, borracheras, cuartos de baño ajenos, cervezas, gominolas, abrazos, desplantes, mentiras -a medias y a cachos-, corazones, bocadillos, lugares, autobuses...y nada de eso me sirve para escapar de aquí, con la cabeza en alto y los hombros hacia atrás, el día de mañana.

Estoy perdida, Mika. Confusa y perdida, asustada, sola ante mis decisiones. Me da pavor equivocarme otra vez. No  pretendo una nueva derrota, necesito un comienzo que me encauce y, en estos instantes, con la disyuntiva entre una elección y otra, con la disyuntiva entre arriesgar o permanecer quieta, con el orgullo machacado de no haber logrado algo por lo que aposté, con el dolor de sentirme imbécil por perseguir algo que no iba a hacerme feliz, con las escasas ganas de aventurarme y con el desconsuelo de perderla...no sé qué hacer. Agosto se va a hacer largo en cuanto se me acaben las ideas. Ahora sólo me queda enmendar tus errores, dentro de mis posibilidades, y mirar hacia adelante no sea cosa de que la de 25 o 27 me escriba una carta del estilo cagándose en mi estupidez.

Mika, tu puta madre.

viernes, 25 de julio de 2014

Exculpar.

Había cierta atracción en aquellos ojos hinchados, llorosos y cansados. Si hubiese sido valiente, habría alzado mis dedos de los pies para llegar hasta su boca y le habría besado una, dos, cinco, incontables veces, hasta fundirme con él en un sólo cuerpo y olvidar que eso que caía por sus mejillas sabía a ausencia y pérdida.

Como cobarde, como niña infantil, me mantuve firme en mi decisión de pagar las consecuencias de mis actos y de haber estado tambaleándome en aquella fina y delgada línea entre "estoy haciendo lo correcto" y "la estoy cagando sin darme cuenta." Pequé de lo segundo tan cruelmente.

¿Cómo olvidar unos ojos amarillos que me seguían allá donde fuese? ¿Para qué quiero mi intimidad si ya no me persiguen sus huellas en busca de conocer cada esquina de la habitación donde me hallaba? ¿Qué haré con todo el daño que le causé por jugar a ser Dios? ¿Qué verbo he de conjugar y qué reacción he de llevar a cabo para superar, asumir y olvidar mis errores?
Cuando el perdón no sirve para exculpar, estás perdido.

Ojalá haber sido fuerte y agarrar sus manos, sonreír y con un "Todo irá bien" borrar los últimos días. Jamás habrías existido y pecaría de sinvergüenza por eliminar tus memorias. Creedme: ¡no me arrepiento de haberme dejado engatusar por ella! ¡No, nunca! Más por mucho que escriba que el dolor es efímero, el duelo de la muerte es eterno.
¿Es que acaso nadie se da cuenta? ¡Se paró su corazón, no el mío!

Me compungiré cada día por alargar su marcha, su huida de este mundo a través de la espesa negrura que pasó a ocupar sus párpados para siempre. No existe el Arco Iris, ni el cielo, ni un maldito infierno, mi vida. No existe. Ni ella tampoco. Ya jamás.

No nos vamos a volver a encontrar, no podré disculparme cuando me desvanezca y mi cuerpo no sea más que un escombro.

Porque te maté. Lentamente. Por cobarde. Por desgraciada. Y cuando noté el ronroneo que presagia el final me decidí a darte sueño pero era tarde, tan tarde, que no transformé tu tormento en un leve paseo hasta el olivo número once de la fila tres...

domingo, 20 de julio de 2014

Los gatos no cumplen órdenes.

¿Y se irá?

El lunes puede ser bonito si mañana marchas a andar o a ronronear. Si esta semana te decides a (sobre)vivir, a mantener en pie tu frágil y debilitada estructura sin dolor pese a que tu maquinaria interior esté fallando, las bocas callarán. Que digo yo, que puestos a soltar mierda y a herir sensibilidades con frases de machaque (tu inminente muerte, el dinero, la facilidad de cambiar un algo por otro algo aún cuando funcionas con corazón y no mediante enchufes o pilas), mejor cremallera en los labios y el ojete abierto, que su función principal es la de sacar al exterior cagadas. La boca cuanto más limpia mejor y si no silencio. Si-len-cio.

Viniste en febrero tras prometerle a todos aquellos que no pude salvar que te cuidaríamos bien. En cierto modo, ¿no hemos cumplido las expectativas? Dormir cada mañana al sol, una alimentación que no produjese náuseas, andar allá donde gustases sin que te fuesen cerrando la puerta en los bigotes.
No creo que un gato, elegante y tierno, pida mucho más.

No obstante, ojalá haberme dado cuenta antes o haber pedido la analítica ese primer día o...qué sé yo. Qué sé yo porque no sé nada de estas cosas. Sólo que antes que sufrimiento, mejor la muerte.
Tal vez esté pecando de impaciente y tu recuperación, aunque lenta y costosa, esté siendo fructífera; o tal vez esté pecando de ingenua y de esa forma, aumentando tu dolor y agonía. Qué sé yo. No sabes hablar, no puedes decirme "Eh, tú, estoy hasta el coño" en el peor de los casos, o en el mejor tampoco darme una alentadora palmadita en la espalda cuando te doy el suero mientras me susurras "Tranqui, bonica, que esto va viento en popa."

Si con palabras es en ocasiones complicado hacerse entender, imagínate con el silencio.

Entiendo que nadie lo comprenda. No eres mi abuela, ni mi tía, ni mi primo, ni un ser humano. Eres una gata. Y ya sabemos que los gatos, y animales en general, no habéis sido cagados por la Virgen María y rebozados en el semen de Dios. O eso comentan por ahí, que no sois divinos de la muelte.
Me la refanfinfla tan profundamente. Lo que no estoy dispuesta a soportar son frases subyugadoras, eso sí que no.

Cielo mío, te vayas mañana o no, sólo quería dejar constancia de que te quiero y de que no permitiré que ocurra igual que con Diva. Muerte en vida no es dignidad, no es correcto, no es merecido. Aunque me pase el lunes entre lloros y sudores y culpabilidades, yo escogeré la decisión más oportuna por ti. Aunque duela tanto que se me clave en las costillas y me ahogue los pulmones, yo me mantendré firme.
Y si debes vivir, continuaré con tesón hasta que vuelvas a caminar, ronronear y bufarle al pesado y pestoso del perro cuando se te acerque demasiado.

No te mueras, Oddy...

domingo, 30 de marzo de 2014

La frase precisa.

A veces me siento desdichada, nada más que de no saber qué es lo que estoy echando de menos.


...Es el día más desalentador, el más insulso. Quisiera quedarme en la cama hasta tarde, por lo menos hasta las nueve o las diez, pero a las seis y media me despierto sola y ya no puedo pegar los ojos. A veces pienso qué haré cuando toda mi vida sea domingo. 

domingo, 17 de noviembre de 2013

Efectos a corto plazo del placebo.

Tal vez esté un poco hundida. Tal vez deba cambiar ese "Tal vez" por una afirmación. Creo que me ha roto el corazón quedarme a las puertas del que se supone que es mi sueño; ésto sí lo clasificaría como desamor.

Estoy un poco asustada y me siento terriblemente fracasada, aunque soy buena olvidándolo. Durante la semana soy alegre y me enfado y desenfado con la misma facilidad que siempre; sigo siendo feliz cuando les veo la sonrisa cada mañana por lo que mis pavores no importan hasta que llego a casa. Todo un fin de semana en casa: sólo tres días que logran desequilibrar mi paz interior. Suelo animarme pensando que era un error y que algo mejor va a esperar ahí por mí pero tengo tanta experiencia en desamores que ya no me lo creo.

Realmente la tristeza es un vicio. Qué sabio Flaubert. No me apetece hacer absolutamente nada por mí así que me arropo en mi pasividad. Debería comenzar por algo, luchar por mi futuro y mi presente, demostrarme que tengo algo que ofrecer; hay varias notitas en mi habitación con números de teléfono y propuestas para cuando empiece la semana. Me gusta verlas y rodearme de ellas para dejar de sentir ese "Mañana lo haré" tan perturbador. Un placebo.

Si Antonio o Ángeles me viesen, confirmarían con rotundidad que padezco inicios de depresión. Silvia, en cambio, es más inteligente y se reiría y me daría una patada en el culo: "¡Vamos, Jessica, levanta! Haz esto, esto y esto" y como ella ha sido lo más parecido que he tenido a una madre en mi vida, le haría caso.
La depresión avisa cuando viene, el sentimiento de ¿perderse? no. Definiría mi estado mental más como una crisis existencial de la que Silvia me libraría tan bien. Necesito un empujón, patadas en el culo, joder. Pero no está ella, ni nadie que se le parezca y me ha tocado a mí.

¿Qué hago? Con el corazón roto, ¿qué hago? Con el orgullo machacado, la dignidad manchada. ¿Qué hago? ¿Más? ¿De verdad, otra vez? ¿Apostar por lo mismo u olvidar? ¿Lo persigo o me quedo quieta? ¿Y mis otras opciones son válidas o más efímeras que la luz de una vela? ¿Presente o futuro? ¿Por qué no distingo el medio del largo plazo? La vida enfocada en cosas que puede que jamás sucedan. ¿Cambio o me renuevo? Como un coche en un desguace. ¿Lo conseguiré? Se me pasa por la cabeza que probablemente mi otra meta sea aún más complicada y el abanico de posibilidades se me agota, ¿soy incapaz o me hago incapaz? El tiempo pasa tan rápido que asusta. ¿Otra vez, de nuevo, de verdad? ¿Qué hago? Con añicos por corazón...

Mañana lo pienso. 

jueves, 1 de agosto de 2013

Botah.


Si yo, que apenas si te conocía, estoy triste...imagínate cómo estará él.
Compró aquel dichoso bote de champú sólo para ti, para que mejorases; y vaya si lo hiciste. Con esos pelos de loco todo el santo día nadie podría haberse aventurado a adivinar que llegaste en mal estado.

Me gustan más los perros porque siempre me he identificado más con el carácter canino. Igual le pasa a él. Luego llegaste tú y nos tuviste con la baba caída....¡malditos ojos verdes! ¡Maldita manía de poner el "pescado" en el agua y maldita manía de abofetear al ratoncito! Maldita manía la tuya de ronronear por cualquier cosa.

Por eso, cosita, quiero darte las gracias. Limpiar al gordo guarro de tu vecino valía la pena tan sólo por ver cómo intentabas arañarle y cómo le maullabas. Gracias por las risas, por los arañazos, los bocaditos, los maullidos a deshora, el ronroneo que imitaba a un congelador refrigerando, esa forma tan tonta de correar y de andar y de hacerte el valiente.
Nos habría encantado que te quedases con nosotros durante mucho, mucho tiempo. No hemos criado nunca un gato, ¡ibas a ser nuestro conejillo de indias! Todo se queda en nada ahora.

Dakota y Diva, en su día, ya me enseñaron de malas formas que, si alguien se va, no se le reemplaza. Ni al malo ni al bueno. Vamos por el mundo creyéndonos prescindibles porque siempre es más fácil crearse un escudo y pensar para uno mismo que no se vale la pena; así no hay que esforzarse.
Sé que no va a a haber otro "Botah" y por eso te echaré de menos con tanta, tanta fuerza que se me dormirán las mejillas de recordarte. Y a él se le dormirán hasta los ojos.

Muchas gracias, de verdad, cosita. Descansa en paz.
"¿Y si...?", "Deberíamos haber hecho...", "Tendríamos que...". Nada de eso tiene cabida en estas líneas ni en mi cabeza. Te fuiste siendo querido y te fuiste habiendo saboreado lo que es una cama y lo que es despertar a alguien cada veinticinco minutos así como te fuiste con la esperanza de que, en un plazo indeterminado aunque cercano, tendrías un hogar. Eso me basta.

Hasta siempre, Botah.

miércoles, 26 de junio de 2013

Este día sin título.

A veces desearía ser la vela de un delicioso pastel de cumpleaños. Que alguien llegase con una sonrisa y los ojos brillando y soplase fuertemente sobre mí, hacía mí, en mi dirección. Fugándose mi fuego, apagándome. Desaparecer de un plumazo, como la llama de un pastel de cumpleaños. O como esa vela que no vas a volver a utilizar.

Y al año siguiente retornar la chispa, si lo deseo o lo desean o lo que Dios quiera.

Pero ahora, por favor, apagarme.


Apagadme, que vuelvo a no encontrarme...
Que he vuelto a ser estúpida, a fracasar.

sábado, 2 de febrero de 2013

Lucha -Luz- no "era sólo una perra."



"Era sólo una perra. Una galga flaca y asustada, como las que ahorcan algunos cazadores cuando ya son viejas e inútiles, con tal de ahorrarse un cartucho. Cuatro días estuvo correteando por los túneles del Metro de Madrid sin encontrar la salida. La vieron conductores, vigilantes y viajeros. Fue grabada en vídeo corriendo despavorida por las vías, de túnel en túnel, huyendo de los trenes que pasaban a toda velocidad. Cuatro días de oscuridad, aturdimiento, soledad y angustia. De miedo atroz. Anoche vi uno de esos vídeos en Internet y me levanté de la silla con una desolación y una mala leche insoportables. Por esto tecleo estas líneas, ahora. Para desahogar mi tristeza y mi frustración. Mi rabia. Para ciscarme por escrito en los responsables del Metro de Madrid y en la puta que los parió.

La galga abandonada fue vista un jueves vagando por los túneles. Corría aterrada por el estruendo de los trenes, esquivándolos en la oscuridad. Al comprobar que el personal del Metro no hacía nada para rescatarla, algunos viajeros avisaron a asociaciones de protección animal, que pidieron permiso para actuar. Ya ocurrió algo semejante en Barcelona, cuando para salvar a un perro perdido en el Metro se detuvo el servicio tres horas, en un rescate en el que participaron bomberos, guardias urbanos y empleados de la perrera municipal. En Madrid, sin embargo, los responsables del transporte subterráneo se negaron a intervenir. Sólo dieron largas: se ocupaban de ello, la galga se la habían llevado a una protectora de animales, ya no estaba estaba en las vías, etcétera. Enrocada con su estúpida indiferencia, la empresa municipal rechazó todas las propuestas: jaulas trampa puestas en los huecos de los túneles o los andenes, unos minutos de parada de trenes para actuar con escopeta de dardos narcóticos. Nada de nada. Nosotros nos ocupamos, repetían. Y punto.

Pero mentían. Nadie se ocupaba de nada. La perra entró en los túneles un miércoles. Dos días después, al ser vista entre las estaciones de Sainz de Baranda e Ibiza –corría asustada bajo el andén, huyendo del tren que venía detrás-, seis asociaciones de defensa animal pidieron al Metro permiso para bajar a las vías y rescatarla. La empresa negó el permiso. El sábado a las 7 de la tarde en la estación de Sáinz de Baranda, un conductor dijo que había visto al animal tirado junto a la vía, en el túnel, a ciento cincuenta metros del andén. Rogaron los activistas que alguien bajara a la vía para ver si la perra seguía con vida, pero se les negó. Pidieron que se detuvieran los trenes durante unos minutos para proceder ellos mismos al rescate, y también se les negó. Mientras tanto, el andén se llenó de vigilantes, encargados de controlar a los miembros de las asociaciones protectoras. `Vaya follón –oí decir a uno en el vídeo de Internet- va a montar el puto perro.”

Hartas de aquello, dos mujeres, Irene Mollá, de la asociación Más Vida, y Matilde Cubillo, de Justicia Animal, decidieron echarle ovarios. Mediaban 18 minutos entre el paso de cada tren, así que saltaron a las vías desoyendo las órdenes del jefe de Seguridad del Metro, para internarse en el túnel con las pantallas de sus teléfonos móviles como linternas. Al poco regresaron trayendo a la galga en brazos, tapada con una chaqueta, todavía sangrando con una pata amputada. Atropellada. Muerta. En los cuatro días transcurridos, cuando aún estaba viva y sana, ningún vigilante había acudido a rescatarla, ningún empleado se arriesgó a una sanción por parar el tren. Los convoyes, que se inmovilizan cuando caen a las vías unas llaves o un teléfono para que el personal baje a buscarlos, los conductores que si hay huelga ignoran los servicios mínimos cuando conviene al sindicato correspondiente, no pudieron detenerse unos minutos para rescatar a la galga extraviada. Habrían sido sancionados, claro. Paralizar el tráfico suburbano por una perra, nada menos. Y eso, en un Madrid donde no falta día sin que una concentración ciclista, cabalgata, procesión, verbena, manifestación autorizada o ilegal, paralice impunemente la ciudad, corte el tráfico, bloquee autobuses o taxis y causa atascos monstruosos mientras la autoridad competente, vía sufridos policías municipales, se limita a encogerse de hombros cuando le preguntas cómo carajo llegar al trabajo o a tu casa.

Y, bueno. Me cuentan que las asociaciones de defensa animal se han querellado contra los responsables del Metro de Madrid por omisión de socorro, maltrato animal o como se califique ese puerco asunto. Así que desde aquí ofrezco mi firma. Espero que retuerzan el pescuezo a esos tipos. Y tipas. Ojalá, en memoria de aquella pobre perra asustada, les saquen a todos las entrañas."

Por Arturo Pérez-Reverte.
Y yo que nunca he sido gran amante de este hombre...No por odio hacia él, ni por sus ideas. Simple y llanamente, jamás me ha atraído su literatura lo suficiente como para querer devorar sus palabras. Me resultaba inverosímil, indiferente; hasta que leo y leo y leo, en todos estos años, sus quejas, sus voces, sus rencores a todos aquellos hijos de la gran puta que matan a un perro, a un gato, a cualquier animal. Animal que, a diferencia de nosotros (que también somos animales y cagamos, follamos, meamos, comemos, respiramos...como cualquier otro, no lo olvidemos), se encuentra indefenso ante el hijo, o hijos, de la gran puta que decide atacarle, maltratarle, humillarle, quitarle la vida.
No hay ser más noble que un perro, más fiel que un perro. Eso dijo una vez y yo no puedo estar más de acuerdo. No hay ser más puro que un animal, porque en la puta vida he visto a un periquito ser hipócrita ni a un toro sacarle a un caballo las entrañas por mero aburrimiento. 
El día que un animal, el que sea, decida asemejarse a nosotros y realizar la infinita larga de malas acciones que llevamos a cabo (contra los demás y contra nosotros mismos) quizás cambie de opinión. Quizás me atreva a decir: "Dichosos animales. Menudo coñazo dan, menudo asco dan." Quizás me plantee ser menos misántropa (y todo esto sin llegar a serlo del todo, que mantengo la esperanza).

Esto ya no es por Lucha, ni por Schnauzi, ni por ningún otro nombre que haya muerto por estupidez humana. Esto ya es por resentimiento, porque me duele, porque estoy hasta los ovarios. Y la indignación me puede.
Me gana porque los hijos de la gran puta jamás la pagan. Y los que no hacen nada la pagan, como poco, por triple.